Deseando viento fresco y andaduras en el valle,
para poder olvidar todo lo que aquello fui,
un desván de recuerdos empolvados,
olvidado por el cielo y yo mismo, me sentí.
No me cabe otra aspiración que buscar,
que entre estrépitos susurros de una sirena,
ni un arpa, ni imaginación supe encontrar,
pero el viento nocturno ayuda
junto a las estrellas que hay en la penumbra
a escribir alguna nota que mi melancolía llena.
Se me agotan las lágrimas por poesía,
temo que aún queden muchas,
pues como la portada de Marea
he pasado las puñaladas a mi sombra,
que oculta detrás de mí, aún llora.
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