Escucha a tu alma,
al son del
viento,
mezquina como la
mañana,
fría como el
hielo.
Escucha a tus
finos labios,
marchitos por el
tiempo,
con un sabor
agrio
fríos como el
hielo.
Escucha a tus palabras,
que acusan que
miento,
con intento de
trampa.
¡Más frías que el
propio hielo!

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